Monday, 07 June 2010 00:00

La economía lenta acarrea un descenso en las transferencias de dinero

Written by Jessica Harbin, Traducido por Katrena Dean
Michelle Cigarroa se prepara para transferir dinero de Ángel Alonzo en la tienda La Mexicana. Michelle Cigarroa se prepara para transferir dinero de Ángel Alonzo en la tienda La Mexicana. Jessica Harbin

En Chiapas, uno de los estados más australes de México, el 25.9 por ciento de los hogares no tiene agua corriente, el 32.9 por ciento tiene suelo de tierra, y el 5.8 por ciento no tiene electricidad, según el Censo del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía del 2005.

En una de estas casas es donde vivía Nehemías Ramírez como trabajador de construcción hasta que se acabó el trabajo. Hace tres años se vino a los Estados Unidos buscando un mejor trabajo y para ganar más dinero.

“Me gusta México y me gusta América,” dijo Ramírez. “El trabajo es mejor en América. En México a uno le pagan por día, no por hora.”

Ramírez ha pasado el último año y medio trabajando como cortador de árboles en Tri-Cities el noreste de Tennessee. Ha estado mandando dinero, o divisas, a Chiapas para que su esposa y sus tres hijos cuyas edades son 10, 6, y 4, puedan pagar facturas y mantener su hogar.

En el 2005, mandó $600 cada quincena y en el 2009 solo ha podido mandar de $200 a $300 mensuales. Tampoco ha visto a su familia desde que llegó a los Estados Unidos hace tres años.

Transferencias de efectivo, giros postales, y transferencias bancarias son las tres maneras más populares de mandar dinero a alguien en otro país desde los Estados Unidos. Cuando quiere ayudar a su familia, Ramírez visita La Mexicana Market en la calle South Roan, un negocio familiar y una de las cuatro tiendas hispanas en Johnson City donde alguien puede ir para transferir dinero.

Transferencias de dinero

Al entrar a la tienda, los clientes encuentran neveras llenas de jugos mexicanos y sodas con sabor, seguidas por estantes de pan casero, tortillas, y dulces mexicanos. Atrás, la dueña de la tienda, Doña Mica Cigarroa se encuentra sentada en su sillón reclinable mirando novelas si no la necesitan en el mostrador. Los estantes detrás del cajero están cubiertos de fotos familiares y letreros.

La campana arriba de la puerta suena al llegado de una pareja que carga a un bebé en un asiento para recién nacidos. Michelle, la hija de Doña Mica, se estira sobre el mostrador arrullando mientras Doña Mica va a la cocina para preparar un biberón de leche. La mujer, Raquel Alonzo, hace rebotar a la niña en su rodilla y empieza a alimentarla cuando regresa Doña Mica.

Hasta hace tres años Alonzo trabajaba en una tienda que parecía mucho a La Mexicana Market en la Cuidad de México. Cuando apenas llegó a Tennessee, trabajaba en la cocina para Doña Mica. Sin papeles, dijo Alonzo que es difícil encontrar un buen trabajo y ahora ella trabaja en una fábrica de plásticos.

Alonzo mandaba de $100 a $200 cada quincena a su mamá y papá en México. Hace un año con tres meses tuvo que dejar de mandarles dinero cuando se enteró que estaba embarazada y la economía empezó a caer.

“Le hizo daño a mi familia,” dijo Alonzo. El dinero que mandaba pagaba la renta, facturas, y ropa.

Según Doña Mica, La Mexicana Market procesa miles de transferencias de dinero cada mes a una variedad de países, incluyendo a México, Guatemala, y Las Filipinas.

“Básicamente, obtenemos el dinero y lo depositamos en una cuenta,” dijo Michelle. “A lo máximo, toma una hora o dos dependiendo del banco o la agencia con que trabajamos. Hacemos la mayoría por computadora, salvo mi mamá que no sabe usarla, pero sólo toma unos minutos.”

Las estadísticas

La tarifa de cambio varía diariamente y depende del país. En el 22 de abril del 2010, según el Convertidor Universal de Divisas, un dólar estadounidense equivalía a 12.21 Pesos mexicanos, 4.30 Bolívares Fuertes venezolanos, 1,926 Pesos colombianos y 44.31 Pesos filipinos.

En el 2008, las remesas, dinero que trabajadores en EE.UU. mandan fuera del país, alcanzaron los $397 billones. De esa cantidad, $305 billones fueron mandados a países en vías de desarrollo. Por el deterioro de la economía global, se esperaba que las remesas disminuyan de 7 a 10 por ciento en el 2009, según el Banco Mundial.

El dinero mandado a Latinoamérica alcanzó los $69.2 billones en el 2008, pero debido a la recesión estadounidense, se esperaba que esa cantidad disminuyera un 11 por ciento en el 2009. Según el Banco Mundial, México, con $23.8 billones, fue el tercer país que recibió más remesas después de India y China.

Cuando los clientes vienen a La Mexicana Market usan Sigue, una agencia internacional de transferencia de dinero que tiene miles de agentes en 48 estados en los Estados Unidos. Sigue trabaja con 1,200 agencias afiliadas en México y también con bancos en el resto de Latinoamérica, incluyendo a Bancomer Transfer Services, HSBC, Banorte, y ScotiaBank.

Un cliente puede hacer una transferencia con solo ir a una agencia y coger el teléfono rojo de Sigue. Según Michelle, Sigue es uno de las agencias de transferencia más fiables porque siempre tienen el dinero cuando el beneficiario va a recogerlo, mientras que otras no siempre lo tienen. El costo depende de donde se envía el dinero.
No hay impuestos en el dinero que mandas, dijo Ramírez. Cobran $10 para mandar hasta $1.000 a México.

Tiendas locales

Los Cigarroa se han ganado la vida dando a la gente una manera de ayudar a sus familias en sus patrias. La Mexicana Market abrió hace 10 años cuando Doña Mica empezó a vender cosas que hacía en su hogar. Después compró un negocio más grande pero tuvo que disminuirlo al espacio más pequeño que la tienda tiene actualmente debido a sus problemas de salud, los cuales incluyen diabetes.

Cada domingo, el estacionamiento de La Mexicana Market está lleno, el cual incluye a gente que viene desde Virginia y Carolina del Norte por la comida casera de Doña Mica. Ella se levanta temprano los domingos para comenzar a cocinar su menudo tradicional, una sopa picante hecha de mondongo tan bien como gorditas y tacos. Termina de servir alrededor de las dos o tres de la tarde.

“Hay tal vez tres o cuatro tiendas como la nuestra en el área de Johnson City,” dijo Michelle. "Hasta donde yo sé, ya han cerrado tres, pero nosotros hemos estado aquí más de diez años.”
En 1987, la familia Cigarroa, cuatro niñas y dos niños, se mudó a Erwin, Tennessee.

“Fue un shock total,” dijo Michelle. “Vinimos de un área que era predominantemente hispana a un lugar donde éramos la única familia hispana.”

Recuerda que se burlaban de ella durante la escuela intermedia donde la insultaban llamándola ‘mojada’ hasta que más trabajadores migrantes y sus familias empezaron a mudarse al área.

“Mi sobrino está en la escuela intermedia ahora y todavía lo insultan,” dijo Michelle. “La gente todavía viene a la tienda y dice cosas como que somos ilegales, o que nos aprovechamos de la asistencia pública y es difícil creer. Mis hermanos ni siquiera hablan bien el español y yo estoy feliz de trabajar en la tienda.”

Michelle habla con todos los que vienen a la tienda como si conociera la historia de sus vidas. La gente usualmente le dice lo que planean hacer con el dinero que envían.

Contó una historia de una pareja que mandó $1.000 para comprar terreno en México. Eso sólo pasa de vez en cuando.

“La transacción media que procesamos aquí es usualmente de $200 a $300,” dijo Michelle. “Las cantidades grandes nos ponen nerviosos, pero normalmente la gente solo manda cantidades grandes de dinero para cirugías o si van a comprar tierra.”

Se preveía que la cantidad total de dinero mandado fuera del país disminuyese el año pasado, pero la cantidad media mandada a México en una transacción no cambió antes de la recesión estadounidense. Según el Banco Mundial, desde septiembre del 2005 hasta septiembre del 2008, el tamaño medio de transacción en el país ha sido alrededor de $350.

La Mexicana Market es un negocio pequeño que ha sentido el impacto de la recesión estadounidense tanto como cualquiera de las personas que vienen a la tienda.

“Junio, julio y agosto es cuando normalmente hay más trabajo porque es la temporada de los trabajadores migrantes,” dijo Michelle.

“Usualmente el invierno es bastante lento. Solo recibimos una fracción de la tarifa que se cobra cuando alguien manda dinero, entonces si nadie está enviando dinero, tampoco tenemos ganancias.”


Publicado originalmente en El Nuevo Bristol Herald Courier

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