2013

Las decisiones más importantes en la vida son a menudo las que se ponen en evidencia en el momento menos esperado. Un nuevo interés suyo en combinación con una preocupación médica en su familia llevaron a la doctora Joyce Troxler a estudiar medicina. Esa decisión la trajo de vuelta a las montañas del este de Tennessee, dónde se había criado.

Oriunda de Jonesborough, Tennessee, ella no tenía un rumbo fijo y estaba tratando de decidir lo que quería hacer con su vida. Después de completar su licenciatura en la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, ella estaba trabajando en la Oficina de Arqueología del Estado de Nuevo México cuando compartió una revelación con su padre.
“Había pensado trabajar en patología forense y mi papá dijo, ‘sabes, esto significa que deberías ir a la facultad de medicina,’” dijo Troxler.

Sherry Loera Martínez tiene 22 años y es la primera persona de su familia en ir a la universidad en los Estados Unidos. Ahora está a 2.200 Km de casa.

“Cuando llegué estaba preparada para todo excepto para el choque cultural”, ha dicho Loera.

Loera pasa semestres enteros sin ver a su familia porque sus parientes más cercanos, sus tíos, viven en Atlanta. Sus padres no son residentes legales en Estados Unidos, así que no pueden cruzar la frontera. Loera sólo puede visitar a sus padres y a sus hermanos menores durante las vacaciones de verano.

Es una mañana de domingo. Las calles de Johnson City están inusualmente ocupadas a esta hora del día. Hay una maratón y la policía está dirigiendo el tráfico en cada intersección. Algunos participantes, que parecen agotados, están trotando por un estacionamiento a orillas del campus de ETSU donde un grupo de personas ha empezado a reunirse. Uno por uno, los autos salen de la cola de tráfico paralizada, pasan por la sombra del imponente Mini-Dome y se abren camino hacia el estacionamiento.

Una de las últimas personas en llegar baja de su SUV y quita su bicicleta de la parte posterior. Mientras lo hace, otros ciclistas circulan por el estacionamiento, preparándose para el paseo mientras esperan. La mujer, de chaqueta blanca, lentes azules y ropa de montar, camina hacia un grupo de ciclistas, que ya ha se unido detrás del aparcamiento. Saluda a los demás con una sonrisa familiar. Después de uno o dos minutos de conversación amigable, los ciclistas se montan en sus bicicletas y ella se va con un rápido saludo con la mano.

La primera vez que Santiago Funes visitó un médico en sus 25 años como trabajador agrícola migrante fue después de que sufrió un ataque cardíaco y tuvo que someterse a una cirugía a corazón abierto en el Johnson City Medical Center. Funes dijo que no sabe qué le causó el ataque cardíaco, y que la razón por la que nunca había visitado un médico era porque no tenía transporte.

Un visitante que llegue a la cocina de Esperanza Joseph probablemente la encontrará inclinada sobre el mostrador con las manos embadurnadas de harina de maíz, preparando tamales, quizás para un evento en su iglesia.

Esperanza, de 65 años, sirve tamales y otros platillos mexicanos tradicionales desde su niñez, y utiliza su talento culinario como una de las muchas formas de estar activa en la comunidad.

Ella ha vivido en Greeneville, Tennessee desde la década de los ochenta y ha estado en los Estados Unidos por más de 40 años. Por lo menos en las dos últimas décadas, de alguna manera Esperanza se ha opuesto a la tendencia nacional.

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