Wednesday, 17 May 2017 20:28

Reinventan el Raspado: Sam Lopez y su familia le dan un toque mexicano

Written by Stuart Humphreys, traducido por Diana Shaffer
Los clientes corren la voz en los medios sociales con #samssnoballs. Los clientes corren la voz en los medios sociales con #samssnoballs. Foto por Stuart Humphreys

Todo empezó en el Sur de Texas. De niña, a Esmeralda López le encantaba visitar “raspas”, vendedores ambulantes vendiendo hielo raspado con sabores mexicanos tradicionales. En 2011, con la graduación de la preparatoria de su hija Sam, ella vio una oportunidad para un negocio nuevo.
El verano después de la graduación de Sam, sus padres, Esmeralda y Miguel, le compraron un camión de comida y le ayudaron a comenzar lo que es hoy El Paraíso de Raspados de Sam.

“En el sur de Texas, uno ve camiones. De niña siempre iba al vendedor para comprarme un raspado. Me encantaban, y cuando nos mudamos aquí desde Texas, no había nada. Quería traer algo diferente y único a las Tri Cities”, dijo Esmeralda.

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Todos los días menos los domingos, Sam se levanta temprano por la mañana, llena su VUD con bloques de diez libras de hielo y cajas de frutas y se dirige a su puesto en South Roan Street para empezar la preparación. Al entrar al estacionamiento, ella a veces pasa a clientes esperando afuera para evitar la fila.

Sam no hace raspados tradicionales, que son jarabes saborizados agregados al hielo granulado. Sam usa hielo fino que parece nieve, de ahí el nombre, y lo combina con trozos de fruta fresca, bolas de crema helada y coberturas como Oreos, pretzels y obleas Pirouette.

A la gente le gusta la variedad y la oportunidad de comer en otros lugares que no sean cadenas nacionales. “Yo encontré un Candy Crush adentro de una piña, estuvo increíble y valió la pena el dinero. También me gusta que es un negocio familiar”, dijo Chesnee Hammons, estudiante de Northeast State Community College.

Las combinaciones extraordinarias de sabores de Sam, hizo que ganara clientes fieles. Tiene más de cinco mil seguidores en Facebook y casi dos mil en Instagram.

La familia y los negocios siempre van de la mano para la familia López. Esmeralda y Miguel se conocieron cuando él trabajaba para Scott’s Farms en Unicoi. Esmeralda trabajaba en el negocio de sus padres en ese tiempo. Después de casarse, ellos empezaron Lopez Lawn Services, con sede en Jonesborough.

Sam tiene cuatro hermanos, dos hermanos y dos hermanas. Ella ha tenido que contratar unos cuantos empleados y dos hermanos para seguir el ritmo de la demanda cada día. Durante su pico de verano, la espera en fila puede demorar hasta una hora.

Parte de su éxito y el de los camiones de comida en general, puede ser atribuido a la obsesión cultural de los medios sociales y el compartir experiencias diarias con todos. Según un informe de Informate Mobil Intelligence, un estadounidense promedio pasa más de una hora y media en los medios sociales todos los días. Sam sabe esto y lo usa a su favor.

Los raspados coloridos y elaborados de Sam valen oro en los medios sociales. Su página de Instagram, “samssnoballs” (Raspados de Sam)  es pornografía culinaria en su mejor momento: platillos exóticos y divertidos que atraen a los clientes a su puesto. Ella anima a la gente a compartir fotos de sus  productos favoritos del menú con el hashtag “#samssnoballs”.

Sam estudia negocios en East Tennessee State University cuando no está muy ocupada trabajando. Ella no paga por publicidad tradicional sino que escoge usar los medios sociales para atraer clientes. Su padre es igual. Él no publicita su compañía; confía en que pase de boca en boca.

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Aunque el nombre Sam’s Snowballs suena como si fuera una sola persona, en realidad es un esfuerzo del equipo López. Dirigida por Esmeralda, toda la familia le echa una mano cuando Sam necesita ayuda. Cuando se está quedando sin fruta, su padre va por ella, aun después de su largo día de trabajo.

“En el verano, me levantaba a las ocho de la mañana y literalmente no paraba hasta la media noche o hasta la una de la mañana y después tenía que hacerlo de nuevo”, dijo Sam.

Aunque ella dice que sus padres le ayudan, Sam no recibe un salario.

“No es por el dinero. Simplemente me encanta. Yo amo lo que hago”, dice ella.

Pero cuando ella abrió en el 2011, no estaba muy entusiasmada con la idea de trabajar en un camión de raspados a un lado de la calle.

Desde el principio, el reto fue que nadie sabía quién era ella. Y como nunca se anunció, le tomó tiempo para conseguir el puntapié inicial.  

“Claro, uno tiene que empezar de a poco antes de crecer. Me refiero a cualquier franquicia o compañía grande, ¿dónde empiezan?” dijo Esmeralda.

“No tenía vergüenza. Pero pensaba ‘esto es una broma, estoy aquí sentada y no estoy ganando nada de dinero’”, dijo Sam. “Nosotros invertimos todo este dinero en esto y no estamos llegando a nada. Bueno, el primer reto fue empezar, tratar de hacerse conocer.”

Pero Sam es tenaz, y después de unos veranos, el negocio empezó a ser mejor.

"Pienso que mi mayor logro es que nunca me di por vencida”, dijo ella. Fácilmente me pude haber retirado pero no lo hice y no me doy por vencida”.

Recientemente, una pareja se acercó a Sam, interesada en ayudarle a expandirse a otros lugares. Es una formula común de camiones de comida: empezar chico y luego abrir más puestos si a la gente le encanta la comida. Pero Sam rechazó la oferta porque ella quiere instalarse en una ubicación permanente primero.

Ella ha tenido clientes que esperaron en fila por casi dos horas, y encima para tener que rechazarlos porque se le terminó el hielo. Su configuración actual, un remolque de metal pequeño donde sólo caben cinco personas, realmente no es lo suficientemente grande para lo que ella necesita. Es una señal de que su negocio es bueno, pero tendrá que crecer con el fin de satisfacer las demandas.

Sam piensa que tendrá que mudarse fuera del camión y poner su negocio en un edificio de ladrillo el próximo verano para poder mantener el apetito del público. Sus planes son mudarse a un edificio al lado de su ubicación actual. Antes era una iglesia, pero ahora está vacío y necesita renovaciones.

“Es nuestro proyecto para el invierno”, dice Sam. “Tendremos que sacar todo, desde el piso hasta la alfombra, tumbando paredes, literalmente todo”.

 Fotos: Stuart Humphreys

Izquierda arriba: Sam prepara una de sus golosinas de piña especiales para un cliente hambriento.

Centro a la derecha: Vista exterior de Sam’s Snoball Paradise (El Paraíso de Sam), localizado en 809 South Roan Street, Johnson City, TN 37601

Abajo, a la izquierda: Sam chala con una cliente feliz.

Abajo a la derecha: Sam prepara un raspado de lima-limón.

 

In English: Latino family reinvents the snowcone

Read 144 times Last modified on Wednesday, 31 May 2017 19:38