Thursday, 18 May 2017 17:02

Veterana militar continúa legado en trabajo voluntario

Written by Carson Arnold, Traducido por Samantha Bosse
Maria Whiston hace trabajo voluntario en The Warrior’s Canvas, en el centro de Johnson City. Maria Whiston hace trabajo voluntario en The Warrior’s Canvas, en el centro de Johnson City. Foto por Carson Arnold.

Muchos veteranos de guerra de los Estados Unidos dependen de algún método para sobrellevar su regreso a la vida civil. Maria Perez Whiston depende de la camaradería con otros veteranos.

Whiston, una veterana retirada del ejército, encuentra paz ofreciéndose como voluntaria en The Warrior’s Canvas y Veterans Arts Center, una galería de arte en el centro de Johnson City que les deja a los veteranos exhibir su arte, tomar clases y vender su arte. La galería les ofrece a los veteranos suministros gratuitos en un esfuerzo para facilitar la camaradería y socialización entre ellos.

Whiston ha hecho trabajo voluntario en The Warrior’s Canvas por dos años. Ella ayuda a organizar y realizar recaudación de fondos y otras actividades especiales, y también administra la página de Facebook.

David Shields, un sargento retirado de la fuerza aérea, es uno de los hombres que inauguraron la galería.

“[Maria] era la organizadora principal de The Warrior’s Canvas Women’s Group, que se reúne con frecuencia para hacer proyectos y disfrutar camaradería”, dijo Shields. “Ella es un gran recurso en el trabajo de The Warrior’s Canvas y el Veterans Art Center y una parte esencial de nuestra comunidad”.

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Whiston creció en Wichita Falls, Texas, la menor de tres hijas. Su padre nació y creció en Texas, mientras que su madre fue una inmigrante mexicana. Whiston recibió una educación tradicional y después de finalizar unos cursos en la universidad, ella decidió unirse a las fuerzas armadas para viajar. ENT2.0

“Yo quería ver el resto del mundo antes de que me atascara”, Whiston dijo. “Me atascara en el sentido de, por matrimonio o, como ocurre, por tener una relación o tener hijos. No estaba lista para eso, así que me uní a las fuerzas armadas”.

A su ingreso en las fuerzas armadas, Whiston fue evaluada y se le dio un trabajo de cocinera, donde ella estaba estupefacta por la realidad de la ocupación.

“No eran las ollas pequeñas que había en la cocina de mi madre… ¡Eran enormes! Los otros decían ‘Soldado, póngala aquí’, y yo pensaba, ‘¿Qué? ¿Están locos?’”

Poco después de empezar su profesión de cocinera militar, Whiston decidió repetir el examen para obtener un mejor trabajo. Le ofrecieron varias nuevas carreras, y eligió 97 Bravo—un pequeño cuerpo especial apostado en Camp Bedrock, Bosnia-Herzegovina, en el tiempo del genocidio bosnio.

"Jamás de los jamases está bien para nadie – desde el nivel de un estudiante que presencia intimidación a un país que presencia genocidio – nunca está bien.”                           

                           – Maria Whiston

“Éramos los cuatro que salíamos en convoy diario, hacíamos contactos, nos reuníamos con WOS y otras cosas por el estilo”, dijo ella.

WOS (Mujeres de Srebrenica por sus siglas en inglés) es un grupo sin fines de lucro que busca aconsejar y atender a mujeres cuyas vidas fueron afectadas por el genocidio masivo que golpeó al pueblo de Srebrenica en 1995. Más de 8.000 bosnios fueron masacrados por fuerzas serbias, haciéndolo el asesinato en masa más grande desde el Holocausto.

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Según un artículo sobre el genocidio bosnio en www.history.com, en el verano de 1995, Bosnia controlaba los pueblos de Srebrenica, Zepa y Gorazde, que habían sido declarados “refugios seguros” dos años antes por las Naciones Unidas.

Serbios de Bosnia invadieron Srebrenica y el pueblo de Zepa. Los ciudadanos fueron divididos en grupos, llenaron los autobuses con las mujeres y niñas y las enviaron al territorio ocupado por los bosnios o a campamentos en los que eran abusadas sexualmente. Los hombres y niños fueron ejecutados in situ o transportados a otros lugares para masacrarlos.

En agosto de 1995 los serbios rechazaron el ultimátum de las Naciones Unidas, entonces la Organización del Tratado del Atlántico del Norte se unió a los ejércitos de Bosnia y Croacia por tres semanas y bombardearon posiciones serbias.

Por fin, después de negociaciones de paz patrocinadas por los Estados Unidos en Ohio, una división oficial fue establecida entre la federación croata-bosniana y una república serbia.

Entre los 20.000 otros soldados de las Naciones Unidas desplegados en Bosnia durante este tiempo, Whiston trabajó junto a una organización sin fines de lucro en Srebrenica que se dedicaba a ayudar a las mujeres bosnias, quienes habían perdido a sus esposos e hijos a manos de los serbios.

Ella trabajó en estrecha colaboración con las mujeres en Srebrenica durante su tiempo en el ejército y todavía piensa en aquellas que ayudó.

“Jamás de los jamases está bien para nadie, desde el nivel de un estudiante que presencia intimidación a un país que presencia genocidio, nunca está bien”, dijo ella.

“He pasado por mucho, he vivido mucho, he visto mucho y he crecido mucho; y hoy no soy la misma persona. Sin embargo, yo llevo conmigo elementos de eso y algunas cosas que nunca olvidaré”.

Como en toda guerra, hay opiniones diversas sobre la necesidad de participación estadounidense en relaciones exteriores. Whiston está segura de su opinión.

“Creo que hicieron lo mejor que podían en ese momento, y creo que salvar una vida siempre es importante, siempre”, dijo Whiston. “Así que, si eso es lo que requirió el salvar vidas, pues yo diría que sí. Creo que cada vida es tan apreciable e importante como la siguiente, sea quien sea, cómo se vista, o cuál sea su estado”.

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Las mujeres en Srebrenica todavía buscan los cuerpos de sus queridos esposos e hijos, anhelando sólo una conclusión y un entierro apropiado, según Whiston.

“Estas personas fueron matadas por absolutamente ninguna razón, más que sus nombres y quiénes eran”, dijo Whiston. “Y eso no estuvo bien”.

Whiston fue dada de baja del ejército de los Estados Unidos en 2001 por razones médicas. Ella y su familia viven actualmente en Jonesborough.

Aunque ella tiene una vida bastante normal, Whiston camina con un bastón del cual intenta no depender. De hecho, pocas veces usa la palabra “no” en su vocabulario. Su tiempo se ocupa con su esposo, sus hijos y su trabajo voluntario.

Whiston intenta mantener una actitud positive para sí misma, su familia y sus compañeros veteranos, a quienes apoya a través de su trabajo en la galería de arte.

“He pasado por mucho, he vivido mucho, he visto mucho y he crecido mucho; y hoy no soy la misma persona”, dijo Whiston.

“Sin embargo, yo llevo conmigo elementos de eso y algunas cosas que nunca olvidaré”.

 

Maria Whiston en The Warrior’s Canvas, donde ella y otros ayudan a compañeros veteranos a crear, mostrar y vender su arte. Fotos por Carson Arnold

 

In English: U.S. Army veteran continues legacy through volunteer work

 

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