Friday, 11 May 2018 13:29

El trabajo arduo lleva a una oportunidad única en la vida: Un boxeador lucha para venir a los EE. UU.

Written by Erin Hockman; Traducido por Samantha Bosse
Orestes Salazar (a la derecha) observa a dos de sus estudiantes practicando el boxeo. Orestes Salazar (a la derecha) observa a dos de sus estudiantes practicando el boxeo. Foto por Erin Hockman

De los millones de inmigrantes que luchan para venir a los Estados Unidos a cada año, el boxeador jubilado Ignacio Orestes Salazar Batista finalmente ganó su pelea.

Todo empezó hace muchos años en su ciudad natal, Holguin, Cuba. El primo de Salazar iba al gimnasio para practicar, y Salazar, entonces con 15 años, fue con él por si acaso necesitara defenderlo. Tenía miedo de que un boxeador más experimentado intentaría hacer más que solamente boxear.

En el gimnasio, se le preguntó a Salazar si le gustaría ponerse los guantes para practicar. Nunca había visto el boxeo antes, pero se preparó para una derrota que lo llevaría a una carrera que nunca había imaginado.

Salazar fue derrotado por el boxeador no una vez, sino tres veces, porque seguía volviendo.

“Me machucó mucho la primera vez”, dijo Salazar. “Luego regresé por la segunda vez, porque estaba pensando vengarme, pero me venció de nuevo”.

Salazar regresó una tercera vez, y perdió de nuevo. Desde entonces, empezó el entrenamiento, pero el boxeador ya había avanzado en su carrera. Con el tiempo se encontrarían de nuevo.

Cuando el boxeador regresó, Salazar ya había ganado siete peleas. Después de perder muchas veces para él, Salazar ya no sentía enojo o necesidad de vengarse, sino algo completamente diferente.

“Peleé con él, pero no quería vencerle tanto, porque era tan fácil para mí en ese momento”, dijo Salazar.

Finalmente, Salazar tuvo su venganza.

Él nació en Cuba el 31 de julio de 1942, en una cultura en la cual los boxeadores son entrenados como profesionales.

Salazar no era considerado un profesional, pero, de hecho, era un boxeador aficionado muy talentoso. Después de pelear en 61 luchas de boxeo y de ganar 56, en su cabeza, Salazar era un boxeador profesional.

“Me sentí profesional cuando dejé el boxeo, porque sabía todo lo que pudiera pasar con mi oponente”, dijo Salazar. “Sabía lo que [estaba pensando] mi oponente, y así es un profesional”.

Esta determinación de tener éxito sería lo que le ayudaría a Salazar a llegar a los Estados Unidos.

Mientras era un boxeador en Cuba, Salazar descansaba por años regularmente, y luego regresaba al ring de boxeo. Durante los años de descanso, Salazar trabajaba en una fábrica de dulces, esperando su momento de regresar. Eso de ir de acá para allá, entre el boxeo y el trabajo en la fábrica, continuaría hasta sus 25 años.

Su descanso más largo fue de 4 años, pero cuando regresó al ring, se volvió el campeón nacional.

A veces se les da a los boxeadores cubanos la oportunidad de viajar, y Salazar no quería nada más que venir a los Estados Unidos. Sin embargo, nunca le habían dado la oportunidad de viajar, porque su gobierno sabía que no regresaría.

En Cuba, dijo Salazar, el gobierno sabía todo. En los barrios había gente especial que escuchaba y observaba todo lo que se decía y lo que se hacía. Salazar tenía que tener cuidado con lo que hacía.

“Saben de todo”, dijo Salazar. “Si no estás de acuerdo con el gobierno sobre algo, hablan inmediatamente con la policía."

Creciendo en Cuba, Salazar vivía en una familia de siete personas, pero ahora solo hay tres hermanos: su hermano, su hermana, y él mismo. Él tiene dos hijos biológicos y una mujer que él considera como una hija.

 

Su sobrina y su hermano con el tiempo harían la transición a los Estados Unidos más fácil para él.

Su hermano, Pedro Orlando, un pastor de una iglesia, viajó a España por trabajo y luego a los Estados Unidos. Después de vivir en los Estados Unidos por muchos años, solicitó a que Orestes Salazar se uniera a él en los Estados Unidos.

El 28 de julio de 2011, ya jubilado por varios años, Salazar finalmente pudo venir a EE.UU.

El hermano de Salazar alquilaba apartamentos en el área de Johnson City, Tennessee, y es por eso que Orestes vino vivir aquí.

“Vine aquí con el propósito principal de trabajar y ayudarle a mi familia, especialmente a mis hijos”, dijo Salazar. “Sé cómo son las condiciones ahí; viven con mucha pobreza”.

Al salir para los Estados Unidos, muchos cubanos le preguntaron la razón por la cual iba a salir después de ya haberse jubilado.

“Mi jubilación no es suficiente para comer; no es suficiente para vestirme [ni] para ayudarle a nadie”, dijo Salazar.

Después de vivir en Johnson City por algunos meses, la sobrina de Salazar pudo conseguirle trabajo de voluntario en la Academia Olson de Artes Marciales (Olson’s Martial Arts Academy) y en el Club Atlético (Athletic Club).

Después de que se cerró el Club Atlético en Johnson City, Salazar se incorporó al Gimnasio Bang Bang de Boxeo y Aptitud Física (Bang Bang Boxing and Fitness Gym). Ahí, Salazar trabaja con Scott Vance, el entrenador principal. Los dos habían trabajado juntos antes en el Athletic Club.

Vance, quien ahora ya ha trabajado con Salazar por muchos años, dijo que a él [Salazar] le cae muy bien. [Dijo también que] Ha aprendido mucho de él, y considera un placer aprender de un hombre tan conocedor del boxeo.

“Cuando vino y empezó a trabajar, era un poco incómodo, porque enseñaba las cosas [de una manera] un poco diferente [de la mía]”, dijo Vance. “Ahora, uso técnicas que él usa para boxeadores”.

En [el gimnasio] Bang Bang de Boxeo y Aptitud Física, Salazar entrena a boxeadores de todas las edades. Puede ver cuando sus aprendices lo comprenden y cuando no lo comprenden. Salazar les enseña cómo convertirse en boxeador usando el baile para ayudarles a comprender cómo funciona el cuerpo.

Uno de los estudiantes de Salazar, Julian Alvarez, dice que disfruta aprendiendo de él, y el respeto que tiene por su entrenador le hace aprender más fácilmente.

“Con toda honestidad, es bastante inspirador, porque al ver lo que ha hecho y por lo que ha pasado, él sabe cómo me siento”, dijo Alvarez. “Cuando me dice que trabaje más duro, es más fácil hacerlo, porque él ya lo ha vivido”.

Abajo a la izquierda: Orestes Salazar muestra orgullosamente su bandera estadounidense que representa su nueva vida en los Estados Unidos. Abajo a la derecha: Salazar observa mientras sus estudiantes se entrenan. Salazar se mete para darles consejos o hacer correcciones cuando sea necesario. (Fotos por Erin Hockman)

 In English: Hard work leads to opportunity of a lifetime: Boxer fights to come to America

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