Friday, 11 May 2018 17:35

Un sabor de México: El Compromiso de una Familia con los Trabajadores Agrícolas Migrantes

Written by Gabe Perez; Traducio por Rebekka Merrifield
Anabel Andrade prepara enchiladas para los trabajadores agrícolas migrantes. Anabel Andrade prepara enchiladas para los trabajadores agrícolas migrantes. Foto by Gabe Perez

El día de un trabajador agrícola empieza en la madrugada y se extiende hasta la tarde. Estos días de trabajo también exigen comidas sustanciosas para mantener a los trabajadores motivados.  

Preparar estas comidas da lugar a mañanas aún más tempranas para algunos.  

Desde abril hasta octubre, Anabel Andrade empieza sus días en la cocina a las 4 por la mañana para proveer comidas mexicanas caseras y auténticas para los trabajadores migrantes de Scott’s Farm y Jones and Church Farm en Unicoi, Tennessee. Sirviendo el desayuno, el almuerzo, y la cena, ella es el combustible para estos días de labor arduo de los trabajadores. 

Como niña creciendo en Scott’s Farm en los años 1980, Andrade empezó a desarrollar sus habilidades culinarias y encender su pasión por la comida al ayudar a su mamá en la cocina.  

“Originalmente me involucré ayudando en la cocina cuando era pequeña, probablemente a los 12 años de edad”, Andrade dijo. “Todos los adultos en la granja se iban a trabajar, mientras los niños mayores cuidaban a los niños menores”.  

En los años 80 y 90, las granjas como la de Scott contrataban a familias enteras para trabajar en los campos, en lugar del trabajador agrícola varón y soltero que las granjas contratan hoy. Esto significa que las responsabilidades eran compartidas entre los hombres y las mujeres, dejando a los niños no solo a cuidarse en las viviendas, sino también a preparar para los adultos regresando a casa.

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“Mi mamá empezó a dejarme quehaceres para cumplir antes de que ella llegara a casa”, dijo Andrade. “Cuando terminaba con mis quehaceres, tenía tareas tan simples como hervir frijoles y pelar papas, para que ella no tuviera que empezar del cero para cocinar la cena.”  

Con el paso del tiempo, el abuelo materno de Andrade se enfermó. Su mamá lo cuidaba, contando con Andrade para hacerse cargo de la cocina, cocinando para los trabajadores agrícolas y la familia. 

 “Estaba trabajando [en los campos] y cuidando a mis hermanitos al mismo tiempo”, dijo Andrade. “Les podríamos haber dicho a los trabajadores que ya no podíamos cocinar para ellos a causa de nuestra situación familiar, pero sabíamos lo importante que era nuestro compromiso con ellos”. 

Este compromiso es con los trabajadores agrícolas migrantes mexicanos bajo el programa de visas H-2A durante la temporada del cultivo, desde abril a octubre.  

Según el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, el programa H-2A permite que empleadores estadounidenses, que cumplan con los requisitos específicos, traigan a ciudadanos extranjeros para asumir trabajos agrícolas temporales.

Reciben visas de "non-immigrant," no-inmigrante, lo cual significa que están aquí para trabajar por un período fijo, en lugar de las visas de inmigrante más permanentes. Las visas de empleo no-inmigrante para el trabajo temporal o estacional son más comunes que las visas de inmigrantes.  

Según la Dirección de Asuntos Consulares de los EE.UU. (U.S. Bureau of Consular Affairs), el gobierno expidió alrededor de 600.000 visas de inmigrante en 2016, comparado con los 10 millones de visas de no inmigrante. 

Andrade describe el programa de una manera generalmente positiva, beneficia a los trabajadores individuales y las granjas en donde trabajan.  

 “Se paga el precio del pasaje para el trabajador”, dijo Andrade. “Vienen y tienen un trabajo seguro durante los seis meses que están aquí y las granjas tienen trabajadores dedicados. Si los trabajadores dejan sus contratos, no pueden regresar el año siguiente, y si se meten en problemas con la ley, se revoca su contrato automáticamente”.  

Los trabajadores también afectan la economía local de manera positiva al gastar sus sueldos.   

 “Muchos negocios en el área ven el aumento cuando los trabajadores están aquí para la temporada”, dijo Andrade. “En total, son aproximadamente 200 trabajadores que llegan. Es un aumento grande para la economía”.  

En 2016, Andrade abrió un restaurante familiar, La Meza, cerca de ambas granjas y su casa. Esta apertura la dejó mejorar su operación de preparar comida para los trabajadores, además de bendecir a los locales con su cocina. La Meza tiene una reputación sólidamente establecida en el área de servir auténtica comida mexicana, todo hecho del cero.  

La educación de Andrade en la cocina de su madre, y en la granja, la preparó para servir a los trabajadores agrícolas eficazmente. Considera cada comida cuidadosamente, asegurándose de que sean nutritivas, sustanciosas y diversas.

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“Jamás repito una comida dentro de una semana”, dijo Andrade. “Siempre intento darles algo diferente. Sé cómo es allí y lo duro que es para ellos. No cualquiera puede hacerlo. Tienes que entender la cultura. No sólo es la cocina, sino también saber cuáles son los mejores alimentos para ellos. Esta es una de las cosas que me enseñó mi mamá”. 

El restaurante familiar no es sólo un negocio, sino también un segundo hogar. Los familiares de Andrade la ayudan a preparar la comida y cocinarla para los trabajadores agrícolas, y también la ayudan en el comedor cuando restaurante está abierto al público. Cuando está acompañada por su familia en la cocina, se oyen las carcajadas desde afuera de la puerta a la cocina.  

La ayudante principal en la cocina es su hermana, Alma Andrade, y su hijo Daniel Meza. Mientras los dos ayudan a Andrade físicamente, la madre de las hermanas sigue ayudando en otra forma – su legado de dedicación a los trabajadores, que tienen hambre. Alma recuerda la filosofía de su mamá y cómo se ha mantenido hasta el día de hoy.

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“Mi madre siempre decía que sin importar la hora que fuera o que la cocina estuviera cerrada, si alguien tuviera hambre, les daría de comer”, dijo Alma. “Trabajaban duro y tenían hambre. Sin importar lo que costara, les daría de comer, incluso si no tuvieran el dinero para pagarlo. Eso ha sido nuestro lema: ‘Si tienes hambre, te daremos de comer”.  

Su hijo Daniel explica lo importante que es el tiempo familiar, y cómo florecen las relaciones entre Andrade y el resto de su familia cuando están en la cocina.

 

"Me han salvado la cordura”.

– Anabel Andrade

 “Mi mamá y yo somos muy unidos”, dijo Daniel. “Le digo todo cuando estamos en el restaurante, y me ha ayudado con muchas cosas de las que le he pedido consejos. Siempre tenemos una mentalidad resuelta en cuanto a cocinar, pero también nos encanta divertirnos cuando podamos”.

Mientras que la experiencia y los consejos de una mamá amorosa, y también la ayuda de otros familiares, pueden prepararle a alguien para el trabajo a mano, nada puede preparar a una familia para una tragedia.  

El 9 de julio de 2017, el mundo de Andrade se sacudió cuando su hijo de 19 años Alan Meza, quien trabajaba como mesero en el restaurante familiar, falleció en un accidente automovilístico.  

La devastadora pérdida causó que la familia cerrara La Meza, debido a que era una obligación de más para soportar durante el proceso de duelo. Afortunadamente para los trabajadores agrícolas, los dueños del edificio dejan que Andrade siga preparando comida para ellos en la cocina, junto a su equipo de apoyo.  

“Establecer vínculos con ella nos ha ayudado a los dos después del accidente”, dijo Daniel. “Cualquiera que conoce a mi mamá se da cuenta de lo importante que es nuestro tiempo familiar”. 

Andrade no sólo considera el servir a los trabajadores como un compromiso, sino como una gracia salvadora después de la pérdida de su hijo.  

“Con la pérdida de un hijo, muchas personas desisten de todo”, dijo Andrade. “Al principio me enfoqué en el hecho de que era la única persona que los estaba alimentando. Con el paso del tiempo con mi luto, me di cuenta de que los trabajadores agrícolas y el dar de comer a ellos me ayudaba a seguir adelante. Los trabajadores piensan que les estoy haciendo un favor, pero ellos me están haciendo un favor a mí. Me han salvado la cordura”. 

 

Arriba a la derecha: Anabel Andrade prepara salsa. Centro: se calientan tortillas en el comal. Fondo: Anabel y su hijo Daniel disfrutan del tiempo juntos en la cocina. (Fotos por Gabe Perez).

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