Friday, 11 May 2018 17:35

Convirtiéndose en estadounidenses: La nueva vida de la familia Martinez-Castro en el este de Tennessee

Written by Hailey Massie; Traducido por Roxanne Gonzalez
Erlan Martinez y Mima Castro se mudaron a los EEUU hace 5 años con Erlan, su hijo mayor (no aparece en la foto), y Andre, su hijo menor. Erlan Martinez y Mima Castro se mudaron a los EEUU hace 5 años con Erlan, su hijo mayor (no aparece en la foto), y Andre, su hijo menor. Foto: Hailey Massie

Erlan Aristides Martinez y su esposa Mima Fabiola Castro han tomado algunas decisiones cruciales en sus vidas, decisiones que no solo han cambiado sus vidas para siempre, sino también las de sus hijos.

Martinez y Castro ahora viven en Bristol, Tennessee, miles de millas lejos del lugar de su nacimiento: La capital de Honduras, Tegucigalpa.

La pareja se conoció a través de amigos mutuos mientras asistían a la universidad. En 1992, cuando Martinez tenía solo 18 años, y Castro 19 años, la pareja decidió casarse. Poco después, nació su primer hijo, Erlan Eduardo.

“Esta fue una de las decisiones más importantes de nuestras vidas, mudarnos para lejos de nuestra familia”, dijo Castro.

La mayor parte de su familia vive en Tegucigalpa, así que tomar la decisión de mudarse para lejos de casa fue difícil para la pareja.

“No teníamos primos, no teníamos tías, ni tíos”, dijo Castro. “Sólo éramos nosotros”.

En 1998 el segundo hijo de la pareja, Andre Luis, nació en San Pedro Sula. 

El 2000 fue un año importante para Martinez y Castro. Martinez se graduó con su maestría y Castro terminó su licenciatura en la administración de empresas.

A través de los años mientras sus hijos crecían, una pregunta recurrente que venía a las mentes de Martinez y Castro era "¿Cómo podemos darles a nuestros hijos un futuro mejor”?

“Ese fue el momento cuando nos dimos cuenta de que a lo mejor podríamos realizar nuestro sueño”.

– Erlan Martinez

Martinez Castro final 2 preview

Desde la crisis económica global del 2008 al 2009, Honduras ha enfrentado muchos desafíos en su economía. Las estadísticas muestran que en el 2016 más del 66 por ciento de la población estaba viviendo en la pobreza.

Otra preocupación era la alta tasa de delincuencia. En los últimos años el número de homicidios ha disminuido, pero Honduras todavía tiene una de las tasas más altas en el mundo. En 2016, según el Banco Mundial, hubo 59 asesinatos por cada 100.000 personas. 

Una serie de acontecimientos se desarrollaron lentamente para la familia Martinez-Castro en los años siguientes que los trajo al este de Tennessee.

Martinez recibió un enlace por correo electrónico con una línea de mensaje que decía, “¿Quiere usted el permiso de residencia”? Martinez envió una solicitud y pagó $200 para tener los documentos procesados, pero su esposa tenía sus dudas.

“Yo estaba ilusionado, y cuando le conté, se quedó enojada conmigo, diciendo ‘¡es una trampa! Estás desperdiciando dinero que no tenemos’”, dijo Martinez.

Castro, quien estaba ilusionada a mudarse a los EE. UU. para darles a sus hijos mejores oportunidades todavía tenía dudas sobre el correo electrónico. 

Cuando Martinez no recibió ninguna respuesta, empezó a creer que su esposa tenía razón, pero no podía hacer nada para recuperar su dinero. La pareja se olvidó de la situación.

Dos años después, Castro recibió una llamada del Centro Consular de Kentucky (Kentucky Consular Center) informándole que la familia calificaba para el Programa de Visas de Inmigrantes por Diversidad (Diversity Immigrant Visa Program).

Este programa, que es administrado por el Departamento de Estado de los EEUU (U.S. Department of State), concede hasta 55.000 visas de residencia permanente cada año a las personas que vienen de países que, históricamente, tienen tasas bajas de inmigración a los EE.UU. Los participantes se eligen al azar, lo que ha dado a este programa el apodo “La lotería de visas.”

Después de recibir estas noticias, le dijeron a Castro que si su familia quisiera continuar con el proceso tendrían que pagar $600. Aún escépticos, Castro y Martinez pidieron todos los documentos necesarios, pero esperaron para pagar la tarifa de $600. En octubre del 2010, toda la documentación fue enviada.

En febrero del 2011, la familia recibió la noticia que iban a tener una entrevista en la Embajada de Estados Unidos en Honduras dos meses después.

“Ese fue el momento cuando nos dimos cuenta de que a lo mejor podríamos realizar nuestro sueño”, dijo Martinez.

Después de pasar por este proceso laborioso y consumidor de tiempo, la familia Martinez-Castro obtuvo visas de residencia permanente. El gobierno de los EE.UU. le permitió a la familia seis meses para tomar una decisión final.

Como no quería entrar a los EE.UU. sin un trabajo seguro, Martinez pidió la transferencia de su trabajo en una planta textil en Honduras a la planta de la compañía localizada en Maiden, North Carolina.0

 Antes, mientras Martinez trabajaba para la compañía en Honduras, lo habían mandado a esta planta específica para entrenar a los empleados. Fue aprobado para trasladarse a la planta de Carolina del Norte.

 Después de cinco meses esperando y considerando sus opciones, la familia decidió aceptar esta invitación para vivir en los EE. UU., más de 2.000 millas lejos de su hogar en San Pedro Sula.

 Una vez que la familia llegó todavía había muchos desafíos.

“Llegamos ciegos”, dijo Castro. “Al momento que recibimos nuestra residencia permanente, nuestras visas turísticas fueron anuladas. No tuvimos la oportunidad de venir para ver dónde y cómo íbamos a vivir… Cuando llegamos no tuvimos un lugar o domicilio a donde enviar todas nuestras cosas. Entonces enviamos las 10 cajas que trajimos a la dirección de la compañía de Erlan.”

La compañía de Martinez pagó el hotel de la familia por una semana mientras buscaban un lugar en donde vivir. Martinez y Castro pronto encontraron un departamento cerca de la universidad donde su hijo Erlan planeaba matricularse, pero todavía surgieron dificultades.

Después de comprar camas para su departamento nuevo, la familia se dio cuenta que no serían entregadas el mismo día. Tratando de decidir si deberían extender su estancia en el hotel o mudarse a su nuevo departamento y dormir en el suelo, la familia decidió ahorrar dinero y asentarse.

“El principio fue lo más difícil porque estás dejando todo para atrás, tus amigos, tu familia, básicamente toda tu vida. Estar aquí te da un nuevo comienzo. Descubres más sobre ti mismo… la mudanza me convirtió en la persona que ahora soy. Al final, todo salió bien".

– Andre Martinez

No solo tuvieron que pasar la primera noche en el departamento en el suelo, sino también la pasaron sin electricidad. Castro dijo que compraron una hielera para guardar la comida.

Después, la familia tuvo que comprar un carro. Después de vender los dos carros de la familia en Honduras, Martinez y Castro tenían suficiente dinero para comprar un carro en los EE. UU.

Martinez y Castro no tenían un historial de crédito en este momento, entonces tuvieron que pagar el carro en efectivo. Cuando la familia iba a llevarse el carro del lote, le dijeron que necesitaban seguro de automóviles, que no es obligatorio en Honduras.

La pareja llamó a una compañía de seguros, pero debido a que no tenían experiencia manejando en los EE.UU. tuvieron que pagar $2.000 para recibir seguro de automóviles por seis meses.

La familia no solo estaba enfrentando problemas financieros, sino viviendo lejos de su país de origen, lo que también tenía su precio.

“Estábamos ilusionados [por mudarnos]”, dijo Erlan, el hijo mayor de la pareja. “Sin embargo, después de pensar en todo lo que cambiaría, [el sueño] se convirtió en una pesadilla”, él dijo. “Viví 19 años en un país donde tenía una novia – ahora mi prometida – amigos de la infancia y parientes a unos minutos o horas de distancia. Cuando me di cuenta de que no iba a estar con ellos en la vida diaria, tuve miedo de ir hacia lo desconocido.”

La mudanza fue problemática también por la poca frecuencia con que la familia Martinez-Castro podría visitar a sus parientes.

“Como a lo máximo, visito a mi madre a cada tres años”, dijo Castro. “[Ella] tiene 84 años, así que es difícil poder verla. Cada vez que le digo ‘adiós’ estoy orando porque no sé si la volveré a ver.”

Después de acomodarse, la familia Martinez-Castro había agotado sus finanzas y puesto a prueba sus relaciones, pero con el tiempo la Carolina del Norte se convirtió en su hogar.

“El principio fue lo más difícil porque estás dejando todo para atrás, tus amigos, tu familia, básicamente toda tu vida”, dijo Andre. “Estar aquí te da un nuevo comienzo. Descubres más sobre ti mismo… la mudanza me convirtió en la persona que ahora soy. Al final, todo salió bien.”

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Erlan se inscribió en la Universidad Estatal Appalachian (Appalachian State University) localizada en Boone, North Carolina, y se gradúo con la licenciatura en química. 

Castro, quien trabajaba en la industria bancaria en Honduras, encontró trabajo como cajera bilingüe a tiempo parcial en Carolina del Norte. Con el tiempo el inglés de Castro mejoró y ella avanzó en el negocio bancario.

Después de vivir en Carolina del Norte por un par de años, Martinez oyó rumores que su planta podría cerrar y trasladar operaciones a Honduras. Él buscó otro trabajo ya que no quería estar desempleado, y encontró una compañía de textil que estaba contratando en Bristol, Tennessee.

Ahora la pareja vive en Bristol con Andre, quien acaba de matricularse en Northeast State Community College.

Erlan vive en Charlotte, Carolina del Norte, y está comprometido con su novia de varios años, Dilia, quien vive en Honduras. Planean casarse en enero en Honduras.

Ahora Castro trabaja como una consultante bilingüe hipotecaria para un banco nacional, y recientemente aceptó una posición como banquera personal.

Después de mudarse a Bristol, ella dejó hacia atrás a muchos clientes de su trabajo anterior.

“Mima trataba a sus clientes como si fueran familia”, dijo Angela Exline, una de las compañeras de trabajo de Castro en Carolina del Norte y Tennessee. “Nos quedamos muy tristes cuando se mudó del área. Hay clientes que todavía vienen y preguntan por ella todos los días.”

En su nuevo local de trabajo, Castro ha estado agregando más y más clientes a su lista, especialmente los que hablan español.

“En nuestro negocio, es fundamental tener un miembro bilingüe en el equipo para servir a la comunidad hispana”, dijo Lindsay Whitworth, la gerente actual de Castro. “Ella es aún más valiosa porque ella habla la lengua y es hispana. Ella puede ser su consultora de confianza en el proceso de compras de casas.”

La familia Martinez-Castro no planea mudarse de los EE. UU. en el futuro. El 11 de agosto, 2017, unos pocos meses antes de alcanzar su sexto año viviendo en los EE. UU., todos se convirtieron en ciudadanos estadounidenses.

En este momento, la familia planea ver adónde su recorrido los llevará, manteniendo la misma determinación y entusiasmo que usaron en su mudanza a los EE. UU. Una cosa que sí saben es que regresarán a Honduras en enero para la boda de Erlan.

Arriba a la izquierda: Erlan Martinez, originalmente de Honduras, se convirtió en un ciudadano estadounidense en agosto de 2017. Abajo a la derecha: Mima Castro y su hijo Andre Martinez recuerdan su mudanza a América. (Fotos por Hailey Massie)

 

In English: Becoming Americans: The Martinez-Castro Family’s New Life in East Tennessee

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