Daniela Mena Dau, una chilena de 34 años, está trayendo el arte de la salsa a Johnson City. Una vez al mes, Dau y su pareja de baile, BJ Goliday dan lecciones de salsa en Bodega 105, un restaurante latinoamericano local.

Antes de que empiece la clase, Dau se toma tiempo para charlar con sus estudiantes. Vestida con un traje de baile rojo furioso, es evidente que ella es la instructora. La banda empieza a tocar y llena el acogedor restaurante con el ritmo hipnótico de la música latina. Los estudiantes de la clase se abren camino con entusiasmo hacia el frente del salón. Dau y Goliday, percibiendo que es hora de empezar, llegan al escenario.

Desde las ocho hasta las once, Dau y Goliday guiarán a los clientes del restaurante en variados pasos de baile.

Cuando usted piensa en arte latinoamericano, ¿qué se imagina? Aunque algunos pueden tener una idea específica, en realidad no hay una manera de definir el estilo de un artista simplemente por su patrimonio cultural, como indica el artista Mouzer Coelho, cuyos dibujos pueden verse a lo largo del artículo.

“Mucha gente cree que si tú eres un artista latino automáticamente creas arte chicano, y yo no hago nada así en absoluto, así que quería mostrarle a la gente que los latinoamericanos hacen todo tipo de arte, no sólo ese estilo”, dijo él.

La tortilla es algo tan común en la cocina mexicana que a veces se puede subestimar. Mientras que la porción humeante de pollo a la parrilla o el filete le quitan el protagonismo, la noble tortilla proporciona la perfecta aunque menospreciada base.
Un hombre que no ha olvidado la importancia de la buena tortilla es José Velasco, el propietario de la Tortillería Familiar El Arriero. Cuando Velasco abrió la tortillería hace cinco años quería cubrir la consistente demanda de tortillas en Johnson City y quería que se hicieran bien.

Yesenia Cruz Pascual sólo conocía otros tres estudiantes hispanos en el campus antes de unirse a La Alianza Comunitaria Estudiantil Hispanoamericana (HASCA por sus siglas en inglés). Ella sentía que la falta de interacción con otros estudiantes latinos estaba afectando su habilidad para mantener sus raíces hispanas.

"Ya que sólo puedo regresar a mi casa cada tres meses, y le llamo a mi mamá por teléfono una vez a la semana, no podía practicar mi español muy a menudo", dijo Pascual, la presidenta de HASCA en East Tennessee State University.

Las decisiones más importantes en la vida son a menudo las que se ponen en evidencia en el momento menos esperado. Un nuevo interés suyo en combinación con una preocupación médica en su familia llevaron a la doctora Joyce Troxler a estudiar medicina. Esa decisión la trajo de vuelta a las montañas del este de Tennessee, dónde se había criado.

Oriunda de Jonesborough, Tennessee, ella no tenía un rumbo fijo y estaba tratando de decidir lo que quería hacer con su vida. Después de completar su licenciatura en la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, ella estaba trabajando en la Oficina de Arqueología del Estado de Nuevo México cuando compartió una revelación con su padre.
“Había pensado trabajar en patología forense y mi papá dijo, ‘sabes, esto significa que deberías ir a la facultad de medicina,’” dijo Troxler.

Cualquiera que entre en la finca de José Díaz se encontrará de inmediato con un singular letrero de “venta de  cabras”. Él dijo que a la gente le gusta el letrero.  
Las cabras no son los animales más fáciles para criar, dijo Díaz, “y todo lo que hago es mucho trabajo”. Él se levanta temprano cada mañana para alimentar sus animales, recortarles las uñas si es necesario y prepararse para el día.

Sherry Loera Martínez tiene 22 años y es la primera persona de su familia en ir a la universidad en los Estados Unidos. Ahora está a 2.200 Km de casa.

“Cuando llegué estaba preparada para todo excepto para el choque cultural”, ha dicho Loera.

Loera pasa semestres enteros sin ver a su familia porque sus parientes más cercanos, sus tíos, viven en Atlanta. Sus padres no son residentes legales en Estados Unidos, así que no pueden cruzar la frontera. Loera sólo puede visitar a sus padres y a sus hermanos menores durante las vacaciones de verano.

Es una mañana de domingo. Las calles de Johnson City están inusualmente ocupadas a esta hora del día. Hay una maratón y la policía está dirigiendo el tráfico en cada intersección. Algunos participantes, que parecen agotados, están trotando por un estacionamiento a orillas del campus de ETSU donde un grupo de personas ha empezado a reunirse. Uno por uno, los autos salen de la cola de tráfico paralizada, pasan por la sombra del imponente Mini-Dome y se abren camino hacia el estacionamiento.

Una de las últimas personas en llegar baja de su SUV y quita su bicicleta de la parte posterior. Mientras lo hace, otros ciclistas circulan por el estacionamiento, preparándose para el paseo mientras esperan. La mujer, de chaqueta blanca, lentes azules y ropa de montar, camina hacia un grupo de ciclistas, que ya ha se unido detrás del aparcamiento. Saluda a los demás con una sonrisa familiar. Después de uno o dos minutos de conversación amigable, los ciclistas se montan en sus bicicletas y ella se va con un rápido saludo con la mano.

A ella le encanta la historia, leer, escuchar cuentos y contarlos. Carolina Quiroga Hurtado, de 33 años, descubrió estas pasiones cuando era niña y gracias a la habilidad de su madre para contar historias cómicas cuando era maestra, ella encontró su amor por contar cuentos.

“Para mí es fácil, porque he estado leyendo y también recontando cosas durante toda mi vida”, dijo Quiroga. "He tenido interés en la narración porque me encanta. No es que sea una personal chismosa, pero me gusta escuchar cuentos".

La primera vez que Santiago Funes visitó un médico en sus 25 años como trabajador agrícola migrante fue después de que sufrió un ataque cardíaco y tuvo que someterse a una cirugía a corazón abierto en el Johnson City Medical Center. Funes dijo que no sabe qué le causó el ataque cardíaco, y que la razón por la que nunca había visitado un médico era porque no tenía transporte.

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