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De los millones de inmigrantes que luchan para venir a los Estados Unidos a cada año, el boxeador jubilado Ignacio Orestes Salazar Batista finalmente ganó su pelea.

Todo empezó hace muchos años en su ciudad natal, Holguin, Cuba. El primo de Salazar iba al gimnasio para practicar, y Salazar, entonces con 15 años, fue con él por si acaso necesitara defenderlo. Tenía miedo de que un boxeador más experimentado intentaría hacer más que solamente boxear.

En el gimnasio, se le preguntó a Salazar si le gustaría ponerse los guantes para practicar. Nunca había visto el boxeo antes, pero se preparó para una derrota que lo llevaría a una carrera que nunca había imaginado.

Published in 2017

Out of the millions of immigrants who fight to come to the U.S. every year, retired boxer Ignacio Orestes Salazar Batista finally won the match.

It began many years ago in his hometown of Holguin, Cuba. Salazar’s cousin was going to the gym to spar, and Salazar, then 15, went along in case he needed to defend his cousin. He was afraid the more experienced boxer would try to do more than just box.

At the gym, Salazar was asked if he would like to put on gloves to spar. He had never seen boxing before, but he geared up for a loss that would lead to a career he never imagined.

Published in 2017